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La música es cultura… y empleo, pero para pocos

Trescientas personas, entre las que se encontraban algunos músicos famosos, se manifestaron ayer ante el Ministerio de Industria en contra de la piratería.

Rosario, Antonio Carmona, Luis Eduardo Aute, Loquillo, David de María, Tamara, Conchita y Chenoa, entre otros, gritaron el lema “la música es cultura, la música es empleo“. Además de un apocalíptico “en cinco años desaparecerán la música y las canciones“.

El manifiesto lo firmaron 2.500 profesionales del sector. Un sector que, según sus propios datos mantiene unos 100.000 puestos de trabajo en España (algo sorprendente, ya que si descontamos a los productores, editores, mayoristas, tiendas de discos, distribuidores, mánagers, promotores de conciertos, montadores, técnicos de sonido, transporte, seguridad, etc., ¿cuantos puestos de trabajo ofrece la música a los músicos? ¿Dos cientos?).

Veamos el contenido del manifiesto:


La MúSica Es Cultura. La MúSica Es Empleo

“Músicos, autores, compositores, intérpretes, productores, editores, mayoristas, tiendas de discos, distribuidores, managers, promotores de conciertos, Industria auxiliar de infraestructuras para espectáculos (escenarios, escenografías, sonido, iluminación, audiovisuales, transporte, instalaciones efímeras, seguridad, seguros, etc.), técnicos de sonido, montadores. El colectivo de profesionales que hacemos la música estamos orgullosos de nuestro trabajo. ¿Somos unos ingenuos por ello?.

Hasta hace poco, además de ganarnos la vida con mayor o menor acierto, se nos reconocía que contribuíamos al enriquecimiento cultural de nuestro país. Constituye un gran privilegio ser partícipe de un proceso por el que millones de personas disfrutan todos los días con la música. Hemos estado presentes en sus vidas desde tiempo inmemorial, ya fuera a través de un disco de pizarra, un vinilo, un casete, un CD, los teléfonos móviles, la radio, un mp3 o las actuaciones en directo.

Somos los que propiciamos esas melodías que se incrustan en nuestros cerebros y corazones. Músicas que enamoran, consuelan, o curan; sonidos que alegran, rememoran, evaden, relajan o estimulan. Sí, nos gusta nuestro trabajo. Y sabemos que nuestro trabajo gusta y es necesario.

Ahora, sin embargo, ya no sentimos tantos motivos de orgullo. Porque se ha extendido una cantinela según la cual nosotros no trabajamos, sino que vivimos de un bien al que la gente tiene derecho a acceder de forma gratuita y con total impunidad.

La realidad está muy lejos de todo eso. Nadie sabe cómo será la industria de la música y el entretenimiento dentro de 10 años, pero seguro que para entonces la música sigue ocupando ese mismo lugar decisivo en nuestras vidas. Por eso mismo nosotros, el colectivo de trabajadores que hace la música, seguimos aportando nuestra mejor imaginación, la mayor energía, el empuje más decidido. Pero lo hacemos solos. O casi. Tenemos a otros colegas que generan obras. Tenemos a nuestro público. Pero ningún apoyo más.

La piratería nos hace daño, desde luego. Mucho daño, aunque parece que sólo nos preocupa a nosotros y a nadie más. Pero la crisis es mayor y más profunda. Los espacios naturales donde nacen el pop y el rock son considerados meros tugurios perseguidos por las Administraciones cuando deberían ser espacios culturales, contando con su ayuda y no con su competencia desleal. La música en directo carece de espacios escénicos adecuados. Parece como si no hubiera motivos para seguir ejerciendo la profesión que mejor conocemos y desempeñamos. Ese oficio con el que muchas personas ponen unas gotas de felicidad en sus vidas.

No, no somos unos tipos quejumbrosos. Más bien al contrario: no queremos resignarnos. Cuando nos roban y nos quejamos, se nos ignora. Cuando los empleos que genera el sector se reducen a un tercio se nos dice que debemos cambiar el modelo. Y, eso sí, cuando pedimos apoyo se nos da la espalda porque hay otras prioridades, muchísimo más importantes, indudablemente.

Hace ya demasiado tiempo que estamos solos. Ni los sucesivos inquilinos de la Moncloa ni los parlamentarios que toman asiento en los hemiciclos nos han incluido jamás entre sus prioridades. Tenemos la sensación de no contar para nadie, de no existir.  Con una excepción, claro: cuando se vislumbran elecciones de por medio. Insistimos que esto no es una queja, sino la expresión de nuestra perplejidad. De nuestra indignación. Si la música forma parte decisiva del patrimonio intangible de nuestro país, ¿por qué los políticos no se preocupan lo más mínimo por ella?

Para avanzar se necesita empuje, y con el nuestro podrán contar siempre. Todas las semanas surgen nuevas iniciativas para comercializar la música en la red de forma innovadora y beneficiosa para todas las partes: usuarios, autores e industria cultural. Igualmente surgen decenas de espectáculos nacidos del  talento y de muchas horas de trabajo y ensayos y no poca inversión. Los tiempos cambian y nosotros evolucionamos con ellos. Pero cada vez que avanzamos, alguna piedra se nos despeña por el camino.

Y lo mismo le ocurre al resto de los creadores de todos los sectores: el cine, la literatura y el software. Por mucho que nos esforcemos en buscar nuevas formas de acercarnos al público con ofertas atractivas y adaptadas a las nuevas necesidades de la sociedad, siempre se nos adelanta por el atajo del gratis total, del “yo no pago por esto… pero lo cojo y no pasa nada” .

Y no podemos seguir así. Ni nosotros ni esta sociedad, si no queremos ser cómplices de la destrucción sistemática del talento y la creación locales.

Queremos un compromiso por la cultura, una apuesta verdadera para el desarrollo de una industria que tiene mucho que aportar a la sociedad. Queremos responsabilidad de todos los actores sociales en la lucha contra la sangría de las descargas ilegales. Queremos seguridad jurídica para seguir haciendo bien nuestro trabajo. Queremos apoyo y respeto para una industria que lleva el nombre de nuestro país a todas partes.

Ahora el Gobierno ha creado una comisión para que le asesore y le dé ideas en la lucha contra la piratería en Internet. Esperamos que esta comisión haga bien su trabajo y proponga al Gobierno medidas eficaces para acabar con esta lacra para nuestra creación cultural.

Y del Gobierno esperamos que, tomando conciencia del problema y de que nos estamos jugando el futuro de nuestro sector creativo, sea valiente y tome medidas valientes, como ya han hecho los gobiernos francés o británico para defender su cultura y sus empleos.

Si la música, el cine o la literatura son cultura y la cultura es empleo, queremos, en definitiva, que se actúe en consecuencia de una vez por todas. Exigimos respeto.”

.

En efecto, la situación que vive el músico profesional es precaria. Cualquier saxofonista de jazz, cantante de folk o baterista de heavy metal estará de acuerdo con que es necesario un cambio, seguridad jurídica, que el Gobierno y todos los actores sociales pongan de su parte para mejorar la profesión. Pero, desgraciadamente, al poner el acento en la piratería, dejan claro que lo que defienden y por lo que luchan es por su pequeño feudo.

La Industria de la música es una oligarquía, y los músicos que la defienden son aristócratas que temen por sus privilegios. Por tanto, que no esperen que me sienta identificado, ni con sus problemas ni con sus manifiestos.

Por cierto: Son las compañías que dan servicio de Internet quienes se están enriqueciendo, y la solución a “su” problema pasa por ellas. A ver si les entra en la cabeza…

En la manifestación de ayer se escucharon también frases apocalípticas, que resuenan como un eco en todos los medios: “en cinco años la música y las canciones desaparecerán“, dicen.

Pues resulta que la música está viviendo un gran momento. Lo que agoniza es el disco: el negocio del CD es insostenible y desaparecerá, por mucho que se empeñen. En el otro lado de la balanza, los ingresos en conciertos, según la propia SGAE, se están multiplicando. ¿Algún músico tiene alguna duda sobre qué lado de la balanza le beneficia más en la presente coyuntura?

Un dato interesante: en China cerca del 85% de los CD’s de música que circulan son piratas. ¿Creéis que les preocupa esa situación? A los músicos chinos el problema de la piratería “les suena inglés“. Esto lo leo en un artículo publicado por el New York Times. La Industria musical china publica los discos sabiendo que perderá dinero, pero también saben que obtendrán un lleno en los conciertos… y las discográficas firman contratos con los músicos en los que se comprometen a publicar un disco de calidad a cambio de llevarse una parte del dinero generado por las giras y el merchandising.

Mientras tanto, en occidente lo que impera es el victimismo…

Luego están los ejemplos como el de Lady Gaga. Hace un par de semanas “se filtró” su nuevo disco en Internet. En menos de 2 minutos, el mensaje había llegado a mas de 20 mil personas. Como era de esperar, en las redes sociales la noticia corrió como la pólvora. Pues bien, se trató de una campaña de Social Media. Una campaña de marketing contundente y muy barata, por cierto.

Lo dicho: mientras unos se adaptan, otros se quedan en el victimismo.

Y al margen, la gran mayoría vivimos como temporeros.

(CC) 2009, Anton Ego
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Hay 3 comentarios. »

  1.      “Y no podemos seguir así. Ni nosotros ni esta sociedad, si no queremos ser cómplices de la destrucción sistemática del talento y la creación locales.”

    Pero qué cojones es esto? La destrucción sistemática del talento y la creación de locales no la salvarán ellos pidiendo que se cape la cultura gratuita que ofrece internet. Yo seguiré tocando allá donde me dejen (como siempre) y mi talento seguirá creando aunque me descargue tu música y tú la mía. Lo importante, señores es que se regule a la SGAE que ahoga los bares musicales y hace que cierren, no al P2P. Un poquito de realismo, porfabor…

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  2. El problema aquí es que, cuando ellos hablan de creación local, se refieren a la “creación autóctona española“, no a lo que nos referimos nosotros cuando hablamos del panorama musical local.

    Todo su discurso hay que entenderlo más cercano a la defensa del vino español -frente al de otros países-, que en mejorar las condiciones de músicos como nosotros.

    Tamara, Loquillo y compañía son como ganaderos que se echan a la calle para pedir al Gobierno que defienda el “cerdo español”. Eso de la creación local, tal y como nosotros lo entendemos, no saben ni que existe. Los músicos locales somos pequeños comercios que, aunque tenemos jamones de primera calidad y ellos nos los compran a menudo, somos invisibles de cara al Gobierno. Qué diablos, nuestros cerdos corretean por las calles y no sólo cuesta venderlos: casi tenemos prohibido el paso.

    En fin… Que la situación de la creación local es precaria, y sólo nos faltaba que estos, que son los privilegiados por la Industria, se pongan en plan víctima a defender la música local.

    Lo que deberíamos es manifestarnos nosotros. Plantar nuestros jamones en la calle y ponernos a hacer ruido, a ver qué pasa.

    Por cierto… Circula por ahí una lista de los artistas que lo suscribieron. ¿Es cierto que Sidonie firmó el manifiesto?

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  3. Impresionante manifiesto! curiosamente no nombran nada del famoso canon que se paga hasta por cuaquier soporte de grabación y/o reproducción… además dicen estar solos, pero curiosamente, unas lineas más abajo, dicen que el gobierno creó una comitiva especial para resolver el problema… cuanta demagogia en tan poca letra! ¡Impresionante!
     
    La verdad que es una situación digna de Torrente (protege algo pero paradógicamente lo utiliza de escudo… o peor).
    No creo en el cielo/infierno, pero ojalá exista, esta gente se pasaría allí toda la eternidad.

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