Soviéticos, Dinásticos… más una “jam” inesperada
One year ago… en este primer fin de semana caluroso de julio, vino a tocar al Matisse (VLC) la archiconocida Lourdes Hernández a.k.a Russian Red, en la sala no cabía un alfiler, la gente se agolpaba en torno a las salidas de aire acondicionado, la voz aguda de Lourdes llegaba a todos los rincones, la transpiración del gentío cargaba el ambiente…
Anoche, trescientos sesenta días después, volví a entrar al Matisse y un golpe de aire frío saludaba a quienes íbamos franqueando la puerta del local. En cartel Bolcheviques & Dinásticos, es decir: Soviets y The Welcome Dynasty, de Madrid y Valencia, respectivamente. Dos jóvenes bandas de rock popperado, mucho menos conocidas que la musa del folk ibérico, y en consecuencia, con menor cantidad de público asistente.
Pero hay ocasiones en que así se puede disfrutar más del asunto. Menos bullicio, sí. Pero más familiaridad, más cercanía. 12 meses antes, en esta misma sala, había un telón invisible tendido bajo la viga de focos, que “separaba” a Russian R. de la gente allí reunida. En cambio, ayer, los dos frontman de ambas bandas, intentaron quebrar cualquier tipo de distancia entre el micro-escenario y los fieles convocados.
Y lo consiguieron, a pesar de ser jóvenes, inexpertos, con menor rodaje, con menor fama o presencia mediática, con menos recursos promocionales pero con la energía propia de quienes saben que deben entregarse en cada bolo, para mejorar, para evolucionar, para seguir avanzando. Y por ello, hay noches, en que, sin haber asistido a un recital de virtuosismo este cronista sale satisfecho del local, porque al margen de lo estrictamente musical, que tiene margen de mejora en las dos formaciones, hay lugar para la esperanza.
Empezando por los nombres con que se han bautizado los dos grupos: Soviets y The Welcome Dynasty. Suenan bien, suenan a brit-bands, al menos en la nomenclatura.
Y luego, pues también suenan bien, sin ser la quintaesencia del pop-rock, son propuestas alegres, con cositas reseñables, como por ejemplo: la voz áspera del líder bolchevique, arrastrada y rasga gargantas, quedaba muy bien con las distorsiones en el tema “Verdad universal”, y sí, bueno, puede recordar en cierto modo a Iván Ferreiro, pero es que en eso consisten los referentes ¿no? en que surgen destilados a lo largo de las canciones.
Y en lo que se refiere a La Dinastía Bienvenida, pues, se puede sintetizar su concierto en: una sucesión guitarreos afilados con tintes psicodélicos, conducidos por una voz, a caballo entre Joy Division e Interpol. Una guitarra muy bien educada en manos de Dani H.L, calmado pero acertadísimo. Y una voz que sonaba muy auténtica, la de Bruno, de origen “canadeniense”, dícese de la combinación que surge entre las playas de Denia y las praderas del Canadá. Y por ello, su inglés, suena así de bien, incluso, por momentos, si uno cierra los ojos, salvando las distancias, hay estrofas que recuerdan a las del mismísimo Ian Curtis. O si no, les remito a que escuchen “Cats & Lions”, el tema que será sin duda la bandera de los Dinásticos, y del que ya tienen videoclip, filmado por la gente de Tritón Media, como premio por ganar la pasada edición del Circuit Rock ‘08. Muy recomendable.
Pasen y vean, luego opinen y si quieren el próximo día 17 de julio en el Deluxe Pop Club (VLC) actuarán de nuevo: The Welcome Dynasty.
Y conforme concluían los últimos acordes en la sala Matisse, se produjo una llamada: “Hey, vente al Black Note, porque los Metralleta Kelly montan una jam dentro de cinco minutos”. Y allá que fui, flanqueado por Benedict, un compañero de correrías.
El Black Note, no albergaba a mucho más público que el Matisse, el aire acondicionado también hacía acto de presencia. Por cierto, un pensamiento al hilo de esta cuestión: cómo coño se puede combatir el calentamiento global, con los dispendios energéticos que se hacen en oficinas, empresas, garitos… treinta grados en la calle, y Siberia, en pleno verano, dentro de los locales…
El caso es que sobre el escenario, dos guitarras, un bajo, unas congas, una mesa con platos de Dj y una escueta pero preciosa batería naranja (en set de jazz, para más señas) y como instrumentistas, diversos mercenarios-freestylers de la música negra en torno al Turia. Cada cual con lo suyo, en una sesión un tanto caótica, a salto de mata… pero con mucha frescura y naturalidad en el sonido. Jazz, soul, funk… punteos de blues sucesivos entre Pablo Silva y Xavi Gómez, ambos con sus guitarras, la línea de bajo magistral de Mohedano, los scratches de Dj Taktel, todo ello acompasado por el ritmo, cual metrónomo, marcado por un battera de cuyo nombre no consigo acordarme.
Y no hace falta mucho más para disfrutar de una buena jam, edulcorada en un par de temas, por la voz germana de Corina, otra mercenaria del soul, el rap y el breakdance, que se suele dejar caer por este tipo de actos imprevistos. Una sesión para el disfrute de no todos los públicos, evidentemente, ya que se requiere un espectro musical amplio para apreciar jams como esta, que son, a fin de cuentas, un buen ejemplo de la sublimación de la música en directo. Una música que fluye desde cada intérprete hacia cada ser humano del público. Y encima, gratis. Metralleta Kelly. Un nombre, como otro cualquiera, fugaz e improvisado, como la música que vierten desde cada escenario por el que pasan, con este nombre o con cualquier otro. Jam-Etralleta-Kelly. Disfrútenlo, si tienen ocasión.



