Sobre el Autor: Javier Perez Montes

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También conocido como Javi Gafotas, es locutor de radio Klara y toda una eminencia en lo que al panorama independiente se refiere.

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Fiesta Demoscopica y 3er Aniversario de Vinilo-Valencia

por Javier Pérez Montes

Fin de semana 6 y 7 de febrero de 2009:

Fiesta Demoscópica “Mondo Sonoro”
Viernes, 6 de febrero de 2009, a las 22’00h.
Sala The Mill – Entrada libre (con invitación)
Conciertos:
- Polock (Valencia)
- Jackson Milicia (Valencia)

Fiesta III-Aniversario “Vinilo Valencia”
Sábado, 7 de febrero de 2009, a las 22’00h.
Sala Wah-Wah – Entrada 8€
Conciertos:
- O Fracas (Reino Unido)
- Supernova (Valencia)
Acústicos:
- Twelve Dolls
- Gilbertástico
- Mr. Pèrfumme
- Tortel

—¿Pollock, como el pintor?

—No, no: Polock, con una ele solo, para evitarnos problemas a la hora de registrar el nombre.

Así supe que Papu, ex Twelve Dolls, no abandonaba esta banda para entregarse al dolce far niente, sino para dar forma a un nuevo proyecto. Esto que empezaba casi como un juego de palabras, andando el tiempo, iba a dar un nuevo y mucho más rocambolesco juego de palabras, que solo podía augurar algo realmente grande: Fiesta Demoscópica con Jackson-Polock. Jackson (Milicia) ostentaba el Premio Criminal al Mejor Disco de 2008, y Polock el de Mejor Maqueta. Se daban por tanto todos los ingredientes para que fuera una noche mágica. Hay veces que con tan buenos ingredientes resulta realmente difícil arruinar una gran noche. Hay veces que para que las cosas salgan Mal hay que querer. Y así fue.

De entrada ya, días antes del concierto, se produce un cambio de ubicación. De esto me entero porque una banda que va a tocar en la sala donde estaba programada la Fiesta Demoscópica suspende su concierto “por tema de licencia y la consecuente amenaza de precinto del local” (1). Empiezo a tirar del hilo y voy descubriendo que la fiesta se traslada a The Mill, y que empieza a las 22 horas, ya que son dos bandas y a las doce deben haber acabado.

Nos plantamos en la entrada una noche desapacible y con un viento gélido a las 22 horas y vemos cómo la gente empieza a arremolinarse en la puerta del local. Los responsables de la sala deciden que sus clientes deben permanecer en la puta calle hasta que a ellos le de la real gana permitirles que accedan al recinto. Diez minutos, un cuarto de hora… ¡media hora! Por fin las puertas se abren y dejan que el ganado que pastábamos en la puerta accedamos al local, pasadas las 22:30.

Gracias a dios (y al retraso acumulado), en seguida saltan Polock al escenario. Una amalgama confusa de sonidos llega hasta las últimas filas para pasmo de quienes allí estamos. ¿Es realmente necesaria tanta humillación? ¿Hace falta castigar así a un grupo? ¿Es obligado hacerlo tan Mal? Polock, señores, que no son los Rolling, ni Madonna, ni Jean-Michelle Jarre… Bajo, guitarras, batería, teclados y voz. Nada más. Si es que lo difícil es hacerlo Mal. O querer. O ser el Mal. Para quienes hemos visto antes a Polock en directo sabemos a ciencia cierta que no se han puesto de acuerdo para hacerlo Mal. El Mal viene, entonces, de otra parte. Y aún quedaba lo peor…

No voy a descubrir a estas alturas como es el directo de Jackson Milicia. Si algo salvó la actuación de Polock fue la naturaleza brillante, limpia, comedida y preciosista de sus composiciones y de su sonido, que gracias a la intervención de los ¿técnicos? de sonido quedó en sosa y desangelada. Pero a flote. Cuando le llegó el turno a los Jackson, cuyas composiciones son justo todo lo contrario: ásperas, aberrantes, despiadadas y delirantes a partes iguales, la cosa se vino abajo. Hablamos de dos espectáculos distintos, claro. Uno más sensible al terrorismo de los ¿técnicos? de sonido que el otro.

¿Quién disfrutó del espectáculo? Las primeras filas. En esa zona el sonido que llegaba era el de los amplificadores de la banda, no el de la megafonía de la sala, para que ustedes me entiendan. En el resto de la sala todo quedó en una patochada que mucho tenía que ver con el espectáculo circense y muy poco con el musical. Porque lo que Jackson Milicia hace es, primera y principalmente, música. Además se disfrazan, que está muy bien, oiga, te partes la polla, ji, ji, jí, ja, ja, já y en ese plan. Pero son músicos, y yo iba a oír música. Y no oí nada, otra amalgama aún más confusa que hizo que el espectáculo no funcionara. Triste, muy triste.

Ante tal panorama, al día siguiente me planteé muy seriamente no salir de casa. Si ayer, una movida organizada por una revista de tirada nacional, con más de una década de andadura, en una sala como The Mill y con unos patrocinadores pudientes había resultado la tomadura de pelo antes citada, ¿qué podía esperarse de una fiesta aniversario de unos chavales que llevan tan solo tres años en la escena, con una revista que solo es electrónica, que no tienen patrocinadores y que iban a meter no solo dos grupos como la demoscópica sino además 4 ó 5 artistas invitados al principio de la velada?

Llámenme osado, pero aun así, fui.

Cuando vi la hora de inicio me eché a temblar: 22 horas. Ya estamos como ayer. Pero para allá que me fui. Llegué poco antes de esa hora y en lugar de tenerme en la puerta va y me encuentro que ya está la taquilla abierta y se puede pasar. Bueno, al menos no me van a tener en la puta calle esperando. Entro. Sobre el escenario un buen montón de instrumentos me indica que por allí va a pasar todo cuanto está programado. ¿Qué van, de chulos estos tíos? ¿Toda esa parafernalia para una única noche…?

A la hora indicada suben al escenario los Twelve Dolls, desordenados y en formato acústico. Tocan sus canciones y dan paso a Gilbertástico que hace lo propio invitando, una vez concluido su espectáculo a Mr. Pèrfumme en magistral dueto. Les siguen Tortel (y amigos). Al acabar, todos los invitados se suben al escenario para interpretar un clásico del repertorio de Gilbertástico: “Papas y Olivas“. Todo transcurre con absoluta normalidad, es más, con sorprendente euforia participativa: todo, sin duda, fruto del azar… es de todo punto imposible que algo tan sencillo como lo de ayer fuera un auténtico desastre y esto esté sonando a la perfección. Seguro que la cagan; la noche es larga.

Son las 23:30 aproximadamente y ya está el primer grupo al completo sobre el escenario. O Fracas. Ingleses. Dios nos pille confesados -o Bakunin, o Elvis, según confesiones-: que dicen “yes” en lugar de “sí” y conducen por la izquierda, oiga. Uf. No conozco su repertorio, tan solo algunos temas que he podido oír por el MySpace, pero ¡carajo! suena cada cosa en su sitio, se oye la batería, la voz se entiende… El volumen es alto, contundente, tiene pegada. Las canciones tienen una base rítmica de necesario entendimiento y tal y como se construye se ofrece al público asistente en perfecta comunión con el resto de la instrumentación. No parece tan difícil, a priori, pero seguro que es un golpe de suerte del técnico; no podía sonar ayer tan mal y hoy tan bien.

Bajan O Fracas y sube Supernova. Suena el primer acorde y echa a andar la apisonadora. Ya no hay tregua. Las canciones se suceden sin apenas discontinuidad conformando bloques sólidos en los que nada queda a la improvisación. Dios… ¡sigue sonando todo en su sitio! La voz de Jaco se entiende; el piano Hammond no se pierde en las profundidades de una nube de sonidos desorientados y confusos; joder… ¡se pueden oír hasta las líneas del bajo!

El público está exultante y la banda sobre el escenario, pletórica. Ha funcionado la conexión. El concierto ha sido un éxito, o más exacto sería decir, que ha sido un encadenamiento de éxitos. Una primera parte, para los más madrugadores y exquisitos, con versiones y bandas amigas del programa. Una segunda parte con la apuesta internacional de los organizadores. Una tercera y última, como excelente fin de fiesta, con una banda valenciana elegida para la ocasión que renuevan su condición de mejor banda en directo, durante 2008, para los oyentes de El Club de Amigos del Crimen.

Al final, he de rendirme a las evidencias: no es la tirada de una revista ni su –supuesta– fama y/o prestigio; no es el presupuesto de una entidad; no son sus patrocinadores; no son los años ni la veteranía; no es la sala… Al final son tan solo la ilusión y las ganas de hacer bien las cosas las únicas garantías de un trabajo bien hecho. Con su –todavía– modesta revista electrónica, con el dinero de su bolsillo, con tan solo sus tres años de veteranía, pero con la ilusión del primer día, Vinilo Valencia hicieron una Fiesta con mayúsculas, una celebración en la que se tuvo en cuenta al público y se respetó la dignidad del músico; una fiesta en la que todos ganamos algo: los artistas, el enorme placer de conectar y arrastrar a su público; éste, el regusto dulce de haber participado de forma activa (y tan activa: a las fotos me remito) en la celebración; los organizadores, la –intuyo que– enorme satisfacción de haber sido testigos y responsables al mismo tiempo, de todo lo dicho.

Yo no se ustedes, pero quien esto firma hace tiempo que perdió la fe. Solo creo lo que veo. O lo que oigo.

(1) Sala Magazine. Nota de prensa:

Por tema de licencia y la consecuente amenaza de precinto del local si llegamos a celebrar algún concierto, nos hemos visto obligados a aplazar los conciertos programados en las próximas semanas mientras obtenemos el papelito necesario. De momento está tramitándose y esperamos tenerla lo antes posible, porque como sabéis el espíritu del garito es el directo de rock.

(Fuente: www.myspace.com/goorangeband)

 

Fdo. Javier Pérez Montes (locutor de Radio Klara)

Galería de Fotos:

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Fotografo: Javier Pérez Montes

(CC) 2009, Javier Perez Montes
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Hay 1 comentario. »

  1. El que haya escrito esto es subnormal.

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